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6 de julio de 2013


Había arrancado la mañana tranquilo, sin sobre saltos. Era un sábado de esos que da gusto vivir, sin escuela, sin trabajo disfrutando completamente de los familiares y amigos. Empecé mi día como siempre con el desayuno de facturas y cocido que siempre me preparaba mi vieja, paso seguido me fui a la casa de Ezequiel, ya que como todos los sábados iríamos a jugar un picado de fútbol con mis amigos del barrio. 

No éramos muchos solo Ezequiel, Darío, Juanpi, Maxi, Lucho, Toto y yo. La mayoría de las veces jugábamos contra el equipo de fiorito que suele ser de los más habilidosos ¡Ah me olvide de decirles!, yo vivo en Lanús y nuestro equipo venía de campeonar 3 veces en el torneo interbarrial que se hacía cada año. Después del asado en lo de Pancho, mi abuelo, nos fuimos rápidamente hace la cancha. Yo sentía que hoy iba a ser especial, que algo iba a pasar, algo bueno. Llegamos y nos esperaban como siempre los "negros de fiorito", son los pibes con los que tenemos un feudo desde hace 2 años y medio. La mayoría son hinchas de Boca, como yo, Bah creo que soy el único hincha de Boca de mi equipo: Ezequiel es de Huracán, Darío es de Independiente, Juanpi es de Argentinos Juniors y Toto es de Racing. El partido empezó diez minutos después y terminamos llevándonos una sorpresa al ver que había un pibe nuevo entre ellos, no sabía como se llamaba pero el gaucho la re movía, tiraba caños, lujos y hacía goles exquisitos. Al final terminamos perdiendo por 4-0 con 4 goles de él, termino y fui a preguntarle de que cuadro era, me sorprendió mucho su respuesta: Soy de Bochini. 

 No lo volví a ver hasta 2 semanas después porque el domingo pasado había llovido y la cancha estaba totalmente rota. Perdimos, de nuevo, esta vez fue 6 a 0, con 6 goles de él. Me enteré que jugaba en Argentinos por Ezequiel, en los denominados "Cebollitas", Diego era su nombre. La semana siguiente el resultado fue casi un calco 6 a 0 con los 6 goles de él, el siguien fue más abultado 7 a 0, y así seguían transcurriendo los partidos (y las goleadas) hasta que al final dejamos de jugar con ellos, no por miedo, sino que el verano ya había terminado y había que volver al colegio. Con mis amigos nos seguimos viendo, y seguimos ligados al fútbol, pero con caminos diferentes, yo me fui a jugar con Ezequiel a Argentinos, Juan Pablo y Maxi entraron en las divisiones inferiores de Lanús y Toto logró entrar en las de Boca. Al principio se me hizo duro, la adaptación sobre todo, yo era un pibe de potrero, nunca había jugado en cancha grande. 

 A los pocos meses me pude hacer el ansiado lugar en el equipo, y como uno de los delanteros era el encargado de elegir los jugadores en los picados que hacíamos todos los viernes. Esta vez me tocó elegir con Eze, fue un duro golpe ya que con él habíamos armado una pareja increíble, pero este es fútbol y hay que jugar. -Dame a Labierti. Anunció. -Pasman vení. Exclamé -Rodríguez. -Serra. -Verón. -Armando. -Rolando. Retruqué. Se estaban concluyendo las opciones cuando lo ví, a aquel pibe de fiorito que nos bailaba solo en el verano, con los botines gastados y maltrechos. Lo ví y le pregunté a mi compañero ¿Quién es aquel petizo? -Es el nuevo, estaba en la 9° y lo mandaron para acá. -Te gané de mano. Me gritó Ezequiel y agregó: -Dale a quien elegís que quiero jugar. Aquellas palabras que estaba por exclamar nos darían la victoria 2 veces, con un gol con la mano y otro gambeteándose a 6 piratas, aquellas palabras nos harían caer en el cierre de una década más que exitosa, aquellas palabras nos enseñarían que la pelota no se mancha. Dame a Maradona, exclamé.


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